Vivir endeudado no siempre comienza con una mala decisión.
En muchos casos, parte por una falta de educación financiera, un periodo de cesantía o una enfermedad inesperada. Poco a poco, las deudas se acumulan y el equilibrio se rompe.
Una situación que se repite con frecuencia es usar un crédito para pagar otro.
Al principio parece una solución temporal, pero con el tiempo la carga financiera se vuelve insostenible. La deuda crece, el estrés aumenta y la tranquilidad desaparece.
En ese escenario, muchas personas siguen pagando “como pueden”, sin saber que existen alternativas legales para ordenar su situación. Otras buscan ayuda cuando el problema ya avanzó demasiado y las opciones son más limitadas.
La Ley 20.720 contempla soluciones reales para personas con sobreendeudamiento, como la renegociación y la liquidación voluntaria. Sin embargo, saber cuál es la correcta depende de cada caso y de una evaluación adecuada. En este artículo de Legalfit, revisamos estas alternativas desde una mirada práctica y humana, apoyándonos en una historia real que refleja lo que viven miles de personas en Chile cuando sienten que ya no pueden más.
Cuando pagar ya no alcanza: señales de alerta antes de que el problema avance
El sobreendeudamiento no suele aparecer de forma repentina.
En la mayoría de los casos, se construye de manera gradual, hasta que llega un punto en que pagar deja de ser una solución y comienza a profundizar el problema.
Una de las señales más frecuentes es utilizar un producto financiero para pagar otro.
Tarjetas para cubrir créditos, avances para pagar cuotas o repactaciones sucesivas que solo extienden la deuda en el tiempo. Aunque al inicio parece un alivio, en la práctica la carga financiera sigue aumentando.
Otra alerta importante aparece cuando, aun cumpliendo con los pagos, el dinero no alcanza. Gran parte del ingreso mensual se destina a deudas y cualquier imprevisto genera un desequilibrio inmediato. En este escenario, la estructura de pagos ya no está alineada con la capacidad real de la persona.
También existen casos en que aún no hay atrasos, pero el incumplimiento se ve venir.
Los números no cuadran y se proyecta que pronto no será posible seguir pagando en las mismas condiciones. Este momento es clave, ya que buscar orientación temprana permite evaluar más alternativas y tomar decisiones con mayor margen.
En situaciones más avanzadas, las personas llegan cuando el problema ya escaló.
Existen atrasos, presión de cobranzas y un alto desgaste emocional. Aun así, es posible analizar soluciones legales que permitan ordenar la situación o, si corresponde, comenzar de nuevo.
Identificar estas señales a tiempo puede marcar una diferencia importante. No solo en lo financiero, sino también en la tranquilidad y calidad de vida.
El caso de Guillermo: una historia real de renegociación de deudas
Guillermo tiene 57 años y pasó gran parte de su vida atrapado en deudas. Créditos, tarjetas y cuotas atrasadas se fueron acumulando hasta que su sueldo ya no alcanzaba. Pagaba, pero siempre quedaba al límite. Con el tiempo, el problema dejó de ser solo financiero y comenzó a afectar su tranquilidad y su día a día.
Como ocurre en muchos casos, Guillermo no veía una salida clara.
Las llamadas de cobranza eran constantes y el estrés se volvió parte de su rutina. Incluso llegó a un punto en que no podía cubrir gastos tan básicos como la educación de sus hijos.
Fue entonces cuando conoció la opción de renegociar sus deudas.
Al recibir asesoría especializada, pudo entender que existían alternativas legales para ordenar su situación financiera, sin seguir acumulando intereses ni repactaciones que solo empeoraban el escenario.
A través del proceso de renegociación, logró reestructurar sus pagos de acuerdo con su capacidad real. Esto le permitió cumplir con sus obligaciones, dejar atrás la presión constante y, sobre todo, recuperar la tranquilidad que había perdido durante años.
Su historia refleja una realidad común en Chile: muchas personas viven endeudadas por años sin saber que existen soluciones legales pensadas para ellas.
Buscar ayuda profesional no solo cambia los números, también cambia la forma de vivir el problema.
Renegociación de deudas: cuándo es una buena alternativa
La renegociación de deudas es una alternativa pensada para personas que ya no pueden seguir pagando en las condiciones actuales, pero que aún mantienen cierta capacidad de pago. No se trata de dejar de cumplir, sino de hacerlo de una forma realista y sostenible.
Este escenario es común cuando los ingresos existen, pero el esquema de pagos se volvió imposible. Cuotas demasiado altas, múltiples acreedores y fechas que no logran coordinarse con el presupuesto mensual. En estos casos, seguir pagando “como se pueda” suele profundizar el problema en lugar de solucionarlo.
Una señal clara para evaluar la renegociación es cuando se proyecta que pronto no será posible cumplir. Incluso si aún no hay atrasos formales, anticiparse permite ordenar la carga financiera antes de caer en mora o enfrentar acciones de cobranza más agresivas.
También es una buena alternativa cuando ya existen atrasos, pero aún no hay demandas notificadas y la persona cuenta con ingresos estables. En este punto, la renegociación puede permitir un nuevo plan de pagos ajustado a la realidad actual, considerando a todos los acreedores de manera conjunta.
Uno de los errores más frecuentes es repactar directamente con las instituciones financieras, muchas veces más de una vez.
Esto suele encarecer la deuda y extender el problema en el tiempo. La renegociación, en cambio, busca una solución integral que permita cumplir sin seguir acumulando presión financiera.
Evaluar esta alternativa a tiempo puede marcar una diferencia importante, tanto en el resultado legal como en la tranquilidad de quien enfrenta el proceso.
Liquidación voluntaria: partir de cero cuando el problema es más profundo
La liquidación voluntaria es una alternativa pensada para situaciones en las que la renegociación ya no es suficiente.
Aquí, el problema no está solo en el monto de las cuotas, sino en una imposibilidad real de pagar las deudas, incluso ajustando un nuevo plan de pagos.
Este escenario suele darse cuando los gastos esenciales consumen casi todo el ingreso mensual. Vivienda, alimentación, salud o educación dejan sin margen para cumplir con obligaciones financieras. En estos casos, seguir intentando pagar solo prolonga el desgaste económico y emocional.
A diferencia de la renegociación, la liquidación tiene como objetivo extinguir las deudas.
Esto se realiza mediante la entrega de los bienes que pueda tener la persona, permitiendo cerrar un ciclo y comenzar de nuevo, sin arrastrar una carga impagable en el tiempo.
Uno de los principales obstáculos para evaluar esta alternativa son los mitos que la rodean. Muchas personas creen que solo aplica para empresas, que se exige un monto mínimo de bienes o que implica quedar fuera del sistema financiero para siempre. En la práctica, la liquidación es una herramienta legal pensada también para personas, y su impacto depende de cada situación particular.
Lejos de ser un fracaso, acogerse a una liquidación puede ser una decisión responsable.
Implica reconocer que el problema es más profundo y optar por una solución que permita recuperar estabilidad y tranquilidad, en lugar de seguir acumulando presión y desgaste.
Analizar esta alternativa con asesoría especializada es clave para entender sus efectos reales y determinar si es el camino adecuado en cada caso.
La importancia de la asesoría legal: una solución jurídica que también devuelve la tranquilidad
Enfrentar un problema de deudas no es solo una decisión financiera.
También es un proceso que genera desgaste emocional, estrés constante y una sensación de incertidumbre que se arrastra por meses o incluso años.
Aunque la renegociación puede iniciarse directamente ante la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento, hacerlo sin asesoría especializada implica riesgos. Desde errores en la estructuración del plan de pagos hasta una mala preparación para las audiencias, lo que puede afectar el resultado final del proceso.
En el caso de la liquidación voluntaria, la asesoría legal no es opcional.
Al tratarse de un procedimiento judicial, se requiere patrocinio de un abogado, pero más allá de la exigencia formal, lo relevante es contar con una guía experta que permita entender cada etapa y sus efectos reales.
La diferencia entre recibir información genérica y un acompañamiento profesional es clave.
Un diagnóstico adecuado permite determinar si aún existe capacidad de pago o si es necesario optar por una solución más profunda, evitando decisiones apresuradas o mal informadas.
Además del aspecto legal, el acompañamiento tiene un impacto directo en la tranquilidad de las personas. Saber que el proceso está bien llevado, que existen alternativas y que no se está solo, suele ser uno de los principales alivios para quienes enfrentan un sobreendeudamiento.
Buscar ayuda especializada no solo ordena las deudas.
También permite recuperar control, claridad y una sensación de estabilidad que es fundamental para avanzar.
Conoce más testimonios y soluciones legales
Cada situación de endeudamiento es distinta.
Por eso, informarse bien antes de tomar una decisión es clave para elegir la alternativa más adecuada y evitar errores que puedan agravar el problema.
En el nuevo sitio web de Legalfit puedes conocer testimonios reales de personas que atravesaron procesos de renegociación y liquidación de deudas. Historias que muestran que existen soluciones legales concretas y que pedir ayuda a tiempo puede cambiar por completo el escenario.
Además, encontrarás información clara sobre los distintos servicios disponibles, explicados de forma simple y cercana, para que puedas entender tus opciones antes de avanzar. Sin presiones y con foco en tomar decisiones informadas.
Conocer tu situación, evaluar alternativas y contar con acompañamiento profesional es parte del camino para volver a tener control. El primer paso es informarte.